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El madrileño Daniel Díaz y el extremeño de Cáceres Pablo Leno son otros de los corredores cadetes durante el año 2022 que en 2023 afrontarán el cambio de categoría en el seno de la estructura júnior impulsada por la Fundación Contador. En ambos casos la bicicleta es una cuestión doméstica, confirmando que este deporte sigue teniendo un gran componente de herencia familiar en su expansión y desarrollo.

Daniel Díaz.

Daniel Díaz (14 de septiembre de 2006) reside en la localidad de Villarejo de Salvanés y sus primeras andanzas deportivas a nivel federado llegaron de la mano del fútbol sala. “Me gustaba mucho, la verdad, me defendía bien”, recuerda. Un día comenzó a compartir salidas en bicicleta de montaña con la pandilla, experiencias tan divertidas como gratificantes, y aquí emergió la tradición familiar. De las ruedas gordas a las finas en rutas donde el chaval se defendía sin problemas en las engañosas rutas de los entornos de la comarca de Las Vegas.

Y es que en la familia de Daniel el ciclismo de carretera era una afición muy recurrente. Su padre, Diego, y sus tíos son habituales de la flaca. Y todos ellos han podido disfrutar y descubrir este deporte de la mano de un ilustre familiar, ya fallecido: Mariano Díaz. Ciclista profesional en los años sesenta del siglo XX, durante su carrera logró importantes victorias de etapa en el Tour de Francia, la Vuelta a España o la Vuelta a Suiza. En Villarejo de Salvanés una carrera memorial para las categorías inferiores, escuelas, cadetes y juveniles, le recuerda todos los años.

“Mariano era tío de mi padre y en la familia tanto mi padre como mis tíos también han acabado compitiendo. José Luis fue profesional en equipos como el BH, el Seguros Amaya o el Puertas Mavisa y  mi tío Javier destacó en el campo amateur con dos victorias en la Vuelta a Madrid. Yo llegué a conocerle y pude escuchar muchas historias de su carrera. Me impactaba especialmente cómo después de haber estado trabajando en el campo, segando o cosechando, cogía la bicicleta y se iba en bici desde el pueblo al norte a competir”, recuerda un Díaz con aptitudes escaladoras que pule en sus carreteras vecinas.

Pablo Leno.

En casa de Pablo Leno (12 de enero de 2006) la bicicleta también tenía su cuota de protagonismo. Su padre, Pablo, también disfrutó de sus experiencias competitivas y llegó a compartir carreras con el malogrado Manuel Sanroma, tío de uno de los nuevos compañeros de Pablo en el EOLO-KOMETA juvenil. “Mi padre competía, llegó a competir con el equipo Iberdrola, pero acabó dejándolo por el trabajo”.

El joven Pablo, sin embargo, comenzó con la natación antes que con la bici: “No me terminaba de gustar, me aburría un poco, no me llamaba y lo acabé dejando. Como mi padre seguía haciendo bici, comencé a salir con él con la mountain bike. Con el tiempo me inscribí en la Cáceres Bike, donde estuve hasta que pasé a cadetes con el HyD Pinturas-Carbajosa Empresarial de Salamanca.  En Cáceres hacía sobre todo mountain bike, hasta que no fui infantil de segundo año o así no tuve una bici de carretera”.

Leno ha sido uno de los nombres del año con sus actuaciones y el refrendo de su medalla de bronce en los Campeonatos de España. “Para hacer puertos o nos acercamos a la zona de Aldeanueva del Camino, donde tenemos familia, o bajamos a la Sierra de Montánchez. Pero a mí me gustan más las subidas más cortas, como el repecho de Sierra de Fuentes que le llamamos el Piccola, con 300 metros con rampas del 15% y el 20%, y que lo tengo muy vecino de mi zona más habitual de entrenamientos, en dirección a Trujillo”.

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