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La campaña 2022 finalizó hace unas semanas. La que ha sido la décima temporada de existencia del plantel juvenil es la última en la que Guillermo Gutiérrez estará ejerciendo labores de dirección. El de Reinosa (1987) ha estado una década al frente del equipo, un intenso periplo durante el que ha tenido la oportunidad de dirigir a decenas de jóvenes corredores muchos de ellos futuros profesionales. Un enamorado de este deporte. “Me lo he pasado genial estos años, pero creo que ha llegado el momento de dar este paso”, dice.

¿Qué balance global haces de esta temporada?
En términos generales ha sido un año muy interesante. Bajo mi punto de vista, el aspecto formativo ha sido muy bueno. En cuanto a resultados, que en este proyecto no son prioritarios, hemos tenido momentos puntuales de la temporada muy interesantes, acaso abanderados por la segunda plaza de Nil Aguilera en la Vuelta al Besaya o la victoria de Joan Cadena en Valdefresno. También creo que el nivel de esta plantilla es mucho mayor de lo que los resultados por sí mismos puedan decir, pero en el ciclismo como sabemos los resultados obedecen a múltiples circunstancias, los rivales también compiten con los mismos objetivos que tú y el nivel es siempre alto.

La última edición Challenge Montaña Central puede ser un buen ejemplo.
Efectivamente. No salió del todo mal al final, pero sí es cierto que yo pensaba que grupalmente estaríamos con un puntito o dos más. Al final la victoria de etapa de David Puente, un triunfo que se merecía, le dio un poco de realce adicional a una participación en todo caso buena.

La de 2022 será tu última temporada al frente del equipo juvenil de la Fundación Contador, tal y como anunciaste hace unos días.
Siempre hay un principio, siempre hay un final. Es una decisión personal que me provoca un poco de dolor, porque han sido diez temporadas. Esta es mi casa, el equipo contaba conmigo, pero en este momento, después de valorarlo, creo que es el paso que tenía que dar. No quiero que la gente pueda hacer un mundo o darle vueltas a una decisión que es mía.  Estoy muy agradecido a las llamadas y mensajes que me han llegado estos últimos días.  Han sido muchos.

Una década, dos lustros, es un período que permite ver, percibir o valorar si ha cambiado mucho la categoría en todo este tiempo…
Creo que de año a año se va evolucionado positivamente. No es sinónimo de que esta evolución sea la mejor, pero sí que todo es mucho más profesional. Un juvenil siempre va a ser un juvenil, pero los ciclistas se lo toman mucho más en serio que antes, donde igual había más, entiéndase el sentido, más pasotismo. Para mí eso no es malo, en absoluto, sobre todo si hay estructuras o existen patrocinadores que están, confían y trabajan con la categoría. Esa seriedad es una forma de devolverle algo a ese apoyo.

¿No hay antagonismo entre ‘profesionalismo’ y ‘categoría juvenil’?
El ciclismo junior ha evolucionado, es un hecho. Es una evidencia. Habrá que ver si tiene algo de moda o no, no es fácil decirlo ahora. Lo que sí requiere es adaptación a los tiempos, sin duda. Y más allá de eso, creo que en esa evolución a nivel nacional todo el trabajo desde la Fundación ha aportado su granito de arena. No estoy diciendo que esa evolución dependa única y exclusivamente de la Fundación, por favor, o que la Fundación haya venido a inventar el ciclismo júnior. Por supuesto que no estoy diciendo eso. Pero cuando llegó la fundación a la categoría había cosas que no se hacían, no existían ciertos medios materiales, no se había desarrollado el anuncio de las alineaciones…Hoy en día todos los equipos lo hacemos. Lo que está claro es que en este proyecto, un proyecto que ya tiene diez años y que se sigue manteniendo diez años después, el tema de los estudios es algo obligatorio y es innegociable y que se ponen a disposición de los chavales todos los medios posibles para el desarrollo de su actividad. Lo que no se hace, aunque se diga que esa así por motivos que se nos escapan, es asegurar ni el paso a profesionales, ni el paso al sub23 ni tan siquiera el paso al segundo año en la categoría. No, en absoluto. No se venden motos ni a chavales ni a sus padres. Y por supuesto no se obliga a nadie ni a venir ni a quedarse. Son críticas recurrentes, respetables, pero que no son ciertas.

El concepto ‘profesionalización’ tampoco tiene buen encaje por tratarse un espectro de edad en la que los estudios deben primar…
Bajo mi punto de vista, sin lugar a dudas, los mejores ciclistas al final son los mejores estudiantes. Es algo que compruebo todos los años. Alejandro Ropero, en su momento, era un estudiante magnífico. Carlos Rodríguez, también Fernando Tercero… Son muchos los casos. Creo que la organización del tiempo, esa gestión, esos hábitos, es una muestra y una señal. Esa organización te acaba haciendo mejor corredor. Obviamente puede haber excepciones de grandes corredores que no estudien, pero hay que poner el foco en eso: son excepciones. Muy contadas. No tengo dudas, un gran estudiante será un gran ciclista.

¿Cómo se produjo tu llegada a la Fundación Contador?
Yo formaba parte del Isidoro San Justo cántabro. La Fundación, a través de José Luis de Santos, contactó con un par de corredores de nuestro equipo y uno de ellos me pidió más información del proyecto, que entonces era algo totalmente nuevo. Quería que hablara con Fran Contador y que después le diera mi feedback al respecto. En una salida de etapa de la Vuelta 2012, en La Faisanera Golf, hablé con Fran, le conté la situación, él me explicó el proyecto y hacia dónde quería ir y, la verdad, era algo que no se podía mejorar. Era muy interesante. A raíz de aquella charla, tiempo después, Fran me contactó y me ofreció trabajar con ellos si me interesaba… En otoño comenzamos la colaboración. Y hasta hoy.

Una década en la que has tenido la oportunidad de trabajar estrechamente con varios directores.
Cuando yo me incorporo están José Luis de Santos y Paco Salvatierra. José Luis subiría después a la estructura sub23, Paco dejaría el proyecto y llegaría Félix García Casas. José Luis, todo un seleccionador, confiaba en mí para este rol, eso ya era algo único. Con todos he trabajado muy bien y he aprendido mucho, pero debo decir que Félix ha sido especial porque tanto a nivel de conocimientos como a nivel de organización es la persona ideal que todos quisiera tener en un equipo. Un profesional impresionante.

En estos años has podido dirigir a muchos corredores, ¿alguno que te haya dejado especial huella?
Por la estructura júnior han pasado, un dato, hasta 22 ciclistas que han sido posteriormente profesionales o todavía lo son. Todos los chicos tenían su luz propia y con todos tengo una buena relación. Deportivamente Carlos Rodríguez era impactante, pero que es que como persona es un chaval que te gana. Te ganan él y su familia. Raúl García me impresionó también por el enorme cambio que pegó desde cadetes. Y Álex Martín por la enorme regularidad que mostró todo el año, ganando desde el Trofeo Cabedo hasta la Vuelta a Talavera pasando por la Vuelta al Besaya o el Tour de l´Ain. Pero es que hay muchos. A Enric Mas se le veían grandes cosas. A Juan Pedro López. A Ángel Fuentes, que era un ciclista impresionante… El primer año ya estaban aquí Fran Pérez, Fernando Barceló, Miguel Ángel Ballesteros… Gente de mucho nivel, que tácticamente trabajaban realmente bien y creaban una atmósfera de equipo impresionante.

Mencionabas a Rodríguez, Martín y García Pierna… Carlos y Raúl compartieron equipo en 2019. ¿Posiblemente el mejor plantel que hayas dirigido?
La camada era impresionante. También estaba Pablo Gutiérrez, Fernando Tercero, Javi Serrano, Juanjo Rosal, Francesc Bennassar…Disfruté muchísimo ese año, pero no por los resultados, sino por el enorme compromiso de los chicos. No es fácil que conviva tanta calidad de manera conjunta y sin problemas y sin discusiones. Y es que fue así, una temporada muy, muy bonita. Inolvidable.

Una década da para muchas dan para muchas anécdotas. ¿Alguna confesable?
Recuerdo que en una ocasión, no diré el nombre, se nos despistó un ciclista durante un entrenamiento. Fue a vincular las bielas con el potenciómetro, se alejó más de la cuenta y se perdió del resto del grupo mientras estábamos haciendo unos test en subidas. No llevaba el teléfono encima ni nada. Un buen rato después acabamos dando con él, pero hubo un rato de incertidumbre. Curiosamente otro corredor nos había dicho, juraba y perjuraba, que había ido hablando con él en una subida… ¡Y no estaba con nosotros! También recuerdo otra del Trofeo Cabedo 2019, donde en una de las pruebas se produjo una situación en la que cuatro corredores iban en cabeza y, con el fondo de la competición, querían meter todo el tiempo posible de ventaja en la meta a los rivales. Les paré los pies, porque era innecesario, la carrera estaba encarrillada, y les dije que máximo, dos minutos o les baja a los cuatro.

Y al final ha sido unan década muy productiva a todos los niveles. ¿Se ha quedado algo en el tintero?
No. Y lo más importante, lo que me queda en la memoria, ha sido el hacer grupo, todos hemos tenido una gran relación durante y después. Siempre les he dicho lo mismo a los chicos: las experiencias que se viven en juveniles son irrepetibles y hay que disfrutarlas al máximo, porque son imposibles en otras categorías superiores. En sub23 la presión es mayor y está la perspectiva del salto al profesionalismo. Y en la élite la presión es diferente y absoluta, ya es un trabajo. La categoría juvenil está a caballo de dos realidades. Es maravillosa. En lo deportivo los chicos que han pasado por el equipo este año han logrado todo lo lograble. L´Ain en su momento fue una victoria importantísima. En Bélgica se ha competido y se ha ganado. El Trofeo Víctor Cabedo, la Vuelta al Besaya, la Bizkaiko Itzulia, la Vuelta a Talavera, la Vuelta a la Ribera del Duero, la Copa de España tanto individual como por escuadras,…

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