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De los diez fichajes que se incorporan al proyecto júnior de la Fundación Contador, en seis casos se trata de corredores cadetes que afrontarán el cambio de categoría con el EOLO-KOMETA Cycling Team juvenil. El bilbaíno Iker Díaz, el andaluz Iván Loaisa y el madrileño Hugo Pradas son tres de estos debutantes. Tres jóvenes talentos con tres historias detrás, tres caminos diferentes unidos por una misma pasión: la bicicleta.

Iker Díaz.

Díaz (25 de julio de 2006) reside en su familia en Bilbao, aunque desde siempre ha competido con licencia cántabra dados los fuertes vínculos con el territorio montañés. Procede, de hecho, del Team Logos montañés. El padre, Rafael, gran practicante del ciclismo de carretera, es natural de Ramales. Y muchos períodos vacacionales y jornadas de descanso se han desarrollado en la casa que los Díaz poseen en las cercanías de Laredo.

“Mi padre ha competido en categoría máster. Yo comencé a salir con él, sobre todo le acompañaba cuando estábamos en Laredo. Un día me animó a apuntarme a un club y ahí, con el Club Ciclista Colindres, ahí comenzó todo. Yo tendría unos siete años o así, aunque con cinco sí había participado en varias pruebas de ciclocross de la categoría de promoción”, indica Díaz. Por supuesto, también el Tour de Francia, la Vuelta a España o la Itzulia son jornadas para disfrutar en familia. “Al Tour llevamos yendo desde que tengo ocho años, a disfrutar haciendo acampada y este año por ejemplo estuvimos viendo la Vuelta en el Sagrado Corazón de Bilbao y al día siguiente, que nos cayó una buena, nos fuimos al Pico Jano en bici”.

El vizcaíno se declara admirador de Wout Van Aert. “Es mi ciclista favorito, no sabría decir por qué en concreto. Pero me gusta desde siempre. Admiro esa capacidad de ganar en cualquier lado y en cualquier circunstancia. Desde luego es un ciclista al que me gustaría parecerme, pero llegar a ese nivel son palabras mayores”, sonríe.

Díaz afronta esta temporada el segundo curso del Bachillerato Dual, que aporta titulaciones oficiales tanto en España como EE UU y enriquece mucho el nivel de inglés, y de cara al futuro sí quiere seguir acceder a la universidad: “No tengo aún claro qué carrera seguir, pero sí alguna ingeniería o algo estrechamente relacionado con la tecnología”.

Iván Loaisa.

Loaisa (28 de noviembre de 2006) es un privilegiado porque vive a los pies de un puerto de más de 2.000 metros de altitud, kilométrico y con rutas absolutamente tranquilas donde no abunda el tráfico y el existente es muy respetuoso. Un paraíso para los ciclistas en la Sierra de Baza del Sistema Penibético. Un monte vecino de Calar Alto, mucho más mediático. Tal es el paraíso particular de este joven vecino de Caniles que llegó a la práctica del ciclismo seducido por sus vivencias en la categoría de escuelas.

“Mi padre salía con la bici de montaña y alguna vez salí con él, fue él quien me metió un poco en el hábito de la bici. Un día, para probar, me llevó a una carrera de escuelas y me gustó mucho el ambiente. Me lo pasé genial. Estuve un tiempo corriendo como independiente, luego ya comencé con un equipo que montamos en el pueblo, en Caniles, y los dos años como cadete he estado en el Indexo de Jerez de la Frontera”, comenta un Loaisa que llegó a ser subcampeón andaluz de gymkana.

“Me gusta ver ciclismo, en general, pero Alberto Contador me ha hecho disfrutar mucho con su estilo de correr. Siempre lo probaba. Era muy valiente”, explica un Loaisa que a la hora de definirse como ciclista apunta: “A esta edad me veo completo, me defiendo en todos los terrenos, pero sí es verdad que en la subida es donde mejor me noto. En la zona tengo buen terreno para entrenarlas. Al final al lado de casa tenemos la ascensión al Puerto de Escúllar, nosotros le llamamos el límite, y lo suelo subir bastante. Unos días hasta la mitad, otras veces hasta arriba, otra subo y bajo al otro lado para hacerlo al revés en una ruta que se te va a los 100 km con 2.500 metros de desnivel… Ocho o nueve veces al año acaba cayendo así”.

Loaisa, estudiante de un grado medio de Técnico en Guía en el Medio Natural y de Tiempo Libre (TEGU), también recuerda una experiencia muy bonita en los días antes de la pandemia: una excursión con la gente del pueblo para subir íntegramente el Collado del Veleta, a más de 3.000 metros de altitud. “Inolvidable, una experiencia única”, señala.

Hugo Pradas.

El madrileño Pradas (27 de septiembre de 2006) procede del universo del mountain bike, donde siempre ha competido enrolado en una de las estructuras con más solera de la Comunidad de Madrid en esta disciplina, el MTB Cadalso, aunque durante la temporada 2022 ha competido pruebas de carretera con otra clásica madrileña, la Unión Ciclista Coslada.

“La verdad es que hasta el primer o segundo año en infantiles no probé la bici de carretera. Como cadete alguna vez hice alguna cosa, tampoco mucha, pero a medida que he ido montando más, más me ha gustado. No sabría decir el motivo. Los entrenamientos me parecían muy divertidos y me ha gustado esa tensión y esa emoción que se vive en las carreras”, comenta. “En casa siempre hemos sido más de bici de montaña. Mi padre practica mountain bike y mi hermano pequeño, Fabio, dos años más pequeño también hace BTT y parece que va siguiendo nuestros pasos”, concluye un Pradas que confiesa un pequeño sueño: “En 2030, que es una fecha así redonda, ojalá pueda tener la oportunidad de correr el Tour de Francia”.

“Mi madre”, concluye el madrileño, “me pregunta muchas veces si no me canso nunca de ver bicicletas porque los domingos, que son los días en los que más descanso puedo tener, si me gusta aprovechar para ver carreras y retransmisiones con el móvil o la Tablet. Me gustan Mathieu Van der Poel y Wout van Aert, pero sobre todo Tadej Pogacar. Su forma de correr, de atacar, me encanta”.

Eolo Kometa
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