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El actual campeón lombardo júnior cambia de categoría de la mano del equipo sub23 de la Fundación Contador. Sebastiano Minoia, Seba para sus muchas amistades en el mundillo ciclista, procede de la G. C. Feralpi Group ASD tras cuajar una gran temporada en el calendario italiano.

“Para mí es una oportunidad muy grande. Espero hacerlo realmente bien, estoy muy ilusionado y quiero darlo todo desde el principio. Fue una gran alegría recibir la propuesta de Ivan”, comenta. Minoia (13/05/2003) se acercó al mundo del ciclismo a través de un amigo de su padre. Un día, en un parque, probó con su club y le enganchó desde el principio.

El GS Sprint Ghedi o el VC Sarnico fueron dos de las estructuras en las que desarrolló su formación. Como júnior de primer año compitió con el Team LVF, pero el impacto de la pandemia frenó en seco la competición y la estructura perdió sus patrocinios. El año del confinamiento fue muy duro para todos, también para él. Por eso el mítico Passo de Croce Domini (1892 m) se ha convertido en un lugar especial para él. “Fue la primera subida que hicimos junto a un grupo de amigos después del COVID-19. Por eso me gustó mucho más aún”, recuerda.

Seba es hijo de Alberto Minoia, exjugador de fútbol del AC Milan, entre otros clubes de una carrera deportiva que se extendió durante dos décadas. Amerigo, Alessandro y la pequeña Victoria son sus hermanos. La música le relaja y son muy de su agrado el rap y el trap. La de 2022 será la primera temporada en la que se centrará en la bicicleta y de cara al futuro sí piensa en retomar los estudios, con interés en iniciar alguna ingeniería. “Por supuesto que me gustaría retomar los estudios, pero antes quiero probar un año más centrado en la bicicleta. Creo que es interesante para conocerme mejor y para evolucionar”.

Sobre su perfil como corredor, Minoia señala: “Me siento un ciclista completo. Me llaman los recorridos duros, que sean selectivos, pero tengo una buena punta de velocidad. Siempre me ha gustado la pista y he podido competir en la prueba de Eliminación muchas veces. Me atraen los velódromos. Las carreras que más me agradan son las grandes clásicas. La París-Roubaix me gusta mucho. Y muchas pruebas del calendario belga. Por supuesto la Milan-Sanremo también es especial. Una carrera tan larga, con dureza en los últimos kilómetros, la velocidad… Cuando éramos más pequeños coincidió una concentración de nuestro equipo en la zona y pudimos verla desde la cuneta. Me alucinó el ambiente”.

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